Amor

La Clave de TODO es el amor

La clave de TODO es el Amor
La clave de TODO es el Amor

La clave de todo es el Amor… Si aprendes a amar a Dios con toda tu alma, con toda tu mente y con todo tu corazón… lo demás vendrá por añadidura, porque la clave es el Amor. Dios no necesita que lo ames porque Dios sea egolatra; Dios quiere que lo ames porque en el desarrollo de su amor aprenderás a amar a TODO lo demás… te amaras a ti, amaras tu próximo, amaras la creación, amaras la obra de tus manos… y cuando aprendas, sólo entonces entonces conocerás la caridad, que no es otra que la expresión del amor en su máxima potencia. El apóstol Pablo nos hablo de esto en su carta a los corintios… Pablo nos habla de las preeminencias del amor. La preeminencia es el privilegio o ventaja de que gozas respecto de otra persona por mérito especial, mérito que es el favor de Dios.

 
Durante nuestro acompañamiento a matrimonios en crisis animamos al cónyuge herido a cultivar su amor hacia Dios, un amor en el que aprenderá a no solo a amar a Dios, sino que también empezará a amarse a si mismo recuperando el valor que tiene como parte de la creación maravillosa. Este amor empezara a iluminar su alma e irradiara a su prójimo más cercano, y esto incluye a su cónyuge, e hijos… logrando que esta luz, originada en el Amor ilumine también su hogar y su entorno.
 
El hermoso mandamiento que nos dejó nuestro Salvador: «Ámense los unos a los otros, así  como yo los he amado». Jesús dice inmediatamente después: “En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros”. El amor recíproco crea la unidad. ¿Y qué produce la unidad? “Que todos sean uno –agrega Jesús- para que el mundo crea” (Juan 17, 21).
Toma tu oportunidad, verás como Dios de tu lado TODO te hará bien. Graba en tu corazón que la clave de TODO es el amor.
Dios te bendiga.

Salvación es por fe, no por sentir.

Efesios 2:8–9 dice: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte” (NVI).

En estos tiempos me he encontrado a algunas personas dudan ser cristianos en realidad. Ellos desean serlo, pero se sienten que están perdiendo la alegría de la fe cristiana.

La incertidumbre terrible que atormenta a muchas personas nace de la incomprensión de lo que es la experiencia cristiana. Algunas personas parecen no conocer la naturaleza de la conversión cristiana, mientras que otros han sido mal informados acerca de la conversión y buscan una experiencia que no es bíblica. Muchos confunden la fe con los sentimientos, con las emociones.

Debes entender que, eres salvo por medio de una fe personal en el Evangelio de Jesucristo tal como se define en las Escrituras. El Evangelio se refiere a la noticia de la muerte y resurrección de Cristo para pagar el castigo por nuestros pecados, y proporcionar un camino a la vida eterna.

No hay otro camino para ser salvo de sus pecados que por la gracia de Dios mediante la fe en Cristo.

Pero la fe es racionalmente imposible donde no hay nada que creer. La fe debe tener un objeto, algo en lo que se cree. No se tiene en fe en nada. El objeto de la fe cristiana es Cristo. La fe es algo más que estar de acuerdo con las afirmaciones de Cristo; la fe involucra la voluntad – la decisión de creer en Cristo. Si dices con su mente y corazón, “Sí, yo creo en Cristo y recibo lo que Él ha hecho por mí” – que murió por mis pecados – entonces tú tienes vida eterna. La fe, entonces, significa rendirse y comprometerse con las demandas de Cristo. Significa reconocer el pecado y volverse a Cristo. Nosotros no conocemos a Cristo a través de los cinco sentidos físicos, pero nosotros le hemos conocido a través del “sexto sentido” que Dios ha dado a cada hombre y mujer – la capacidad de creer.

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Tus emociones no hacen tu fe ni son tu fe. No debes confundir tu fe con tus sentimientos. Yo creo fiasentemente que los buscadores sinceros y honestos de la salvación de Dios tienen inquietud e incertidumbre cuando piensan que deben tener algún tipo de emoción para que su conversión sea una verdadera experiencia. Pero creer es una experiencia tan real como cualquier experiencia.

Hoy en dia, y tal vez a través de los tiempos, multitudes han estado en busca de algo más – alguna sensación eléctrica que traerá una gran emoción a sus cuerpos físicos, o algún otro evento espectacular. A muchos se han dicho que busquen esas emociones espirituales, pero la Biblia dice que el hombre es “justificado por la fe” (Romanos 3:28), y no por el sentimiento. Una persona es salva por confiar en la obra terminada de Cristo en la cruz y no por las sensaciones corporales y el éxtasis religioso.

No significa que sea malo sentir o emocionarse. Ciertamente hay lugar para sentir, pero nosotros no somos salvos por tal sentimiento. Cualquier sentimiento que puede experimentar es el resultado de la fe salvadora, pero el sentimiento nunca salvó una persona.

La alegría, por ejemplo, es un sentimiento. Así es la paz interior. El amor por los demás es un sentimiento. La preocupación por los perdidos es un sentimiento. Pero estos sentimientos no son la conversión. Una vez más, la única experiencia que puedes buscar y esperar que es la experiencia de creer en Jesucristo.

La fe salvadora es una fe que produce la obediencia. Es una fe que da lugar a una forma de vida. Algunos han imitado con éxito esta forma de vida por un tiempo, pero para aquellos que confían en Cristo para la salvación, esa fe trae consigo el deseo de vivir esa experiencia interior de la fe. Es un poder que resulta en una vida piadosa.

Cuando aparezcan las dudas:

  • Recuerde que usted no se ha salvado a sí mismo por sus obras o por lo bueno que es, sino por lo que Jesucristo ha hecho por usted. La salvación es un regalo gratuito.
  • Reconozca que es un pecador. Arrepientase de corazón y pida el perdón de sus pecados. La gracia y crerer en Jesucristo y su obra redentora de Cristo bastan para ser escritos en el Libro de la Vida.

Se salvo…