¿Para que creó Dios al hombre?

zcap_cis_creacion_adan_detalleHace unos días vi en un conocido canal de televisión cristiano, que un televidente hacía una pregunta a un grupo de lideres:

La pregunta fue la siguiente: ¿Para que creó Dios al hombre?

 

El primer líder respondió rápidamente: “Para su placer”. Los otros no dudaron sumarse a la respuesta agregando: “para su complacencia”, “para su compañía”…

Sus respuestas no me fueron muy agradables, había algo en ellas que no me cerraba.

También llamó la atención la diversidad de respuestas que salían de cada uno de los que respondían la pregunta, lo que hizo preguntarme, sí nosotros realmente entendemos para que Dios nos hizo, porque incluso yo difería de sus respuestas.

Hoy el Espíritu Santo me trajo de nuevo la reflexión, porque lo que parece “obra del azar, sabemos que está enmarcado dentro de un porque divino, y no hay pregunta para Dios que no tenga su respuesta.

En una obra del escritor brasileño Pedro Bloch encuentro un diálogo con un niño que me deja literalmente conmovido.

— ¿Rezas a Dios? —pregunta Bloch.

— Sí, cada noche —contesta el pequeño.

— ¿Y que le pides?

— Nada. Le pregunto si puedo ayudarle en algo.

 

En este dialogo inocente parece estar la respuesta a la pregunta de este televidente, pregunta que nos representa a muchos en algún momento de nuestras vidas.

¿Cuál sería la reacción de Dios al escuchar la respuesta de este niño? Una respuesta cargada de sabiduría que solo puede venir de lo alto ya que este pequeño niño que no va a Él, como la mayoría de los mayores, pidiéndole dinero, salud, amor o abrumándole de quejas, de protestas por lo mal que marcha el mundo, y que, en cambio, lo que hace es simplemente ofrecerse a echarle una mano, si es que la necesita para algo.

Tal vez a la ligera podríamos decir que es una respuesta tonta, bien sabemos que Dios es Dios. Pero a lo mejor, y de eso puedo estar seguro, el niño permite revelar una profundidad mucho mayor que nuestra rápida respuesta. Tal vez la respuesta de este pequeño de estatura, pero grande de corazón, invita a discernir que a lo mejor Dios no es totalmente omnipotente, o por lo menos no lo quiera ser, y es allí, donde precisamente haya querido «necesitar» de los hombres.

Dios sabe mejor que nadie que la omnipotencia se admira, se respeta, se venera, crea asombro, admiración, sumisión. Pero también sabe que en nuestra debilidad , la proximidad crea amor. Por eso, ya desde el día de la Creación, El, que nada necesita de nadie, quiso contar con la colaboración del hombre para casi todo. Y empezó por dejar en nuestras manos el completar la obra de la Creación y todo cuanto en la tierra sucedería.

Por eso es tan desconcertante ver que la mayoría de los seres humanos, en vez de sentirse en Victoria por la bendición de poder colaborar en la obra de Dios, se pasan la vida mirando hacia el cielo para pedirle que venga a resolver personalmente lo que era tarea nuestra mejorar y arreglar. Un ejemplo de esto podemos verlo cada domingo en la Iglesia, un lugar que hemos ido convirtiendo en un “call center” para la recepción de pedidos, y nos hemos olvidado que es un lugar y un espacio de adoración, para elevar lo ojos y alabar, dando gracias por TODO a nuestro Dios. Tal vez y sonará duró, pero creo que esto vislumbró Jesús cuando encontró a los mercaderes dentro del templo haciendo cosas sólo para “ganar algo”. Buscando sus propios intereses, olvidando lo que realmente se tenía que hacer en este lugar.

 

Dejo esta reflexión, con todo mi amor, esperando que pueda ser de edificación y par tu vida.

 

Dios te bendiga y te ilumine.. y que la paz de Nuestro Señor Jesús colme tu corazón.

Fer FrancoZ