Restauración de Matrimonios

clinicadelalma

“Es mi oración que este sitio comenzará el Proceso de curación de las heridas, y suplirán una base para que germine y crezca el perdón genuino; porque sólo en el perdón se puede encontrar la paz”

 

 

 

¿Tu matrimonio esta en crisis? ¿Tu cónyuge te ha abandonado? ¿Hay un silencio aterrador en tu matrimonio? ¿sientes que no puedes más?… ¿crees que no hay salida?

Yo estuve allí… respondí SI a todas estas estas preguntas. Mi familia, mi vida, se iban,  parecía que no había salida… pero la hallé.

No dejes que la desesperación te gane la batalla.. si es tu caso consultamos:

Brindamos ayuda al cónyuge herido, o abandonado y que busca restaurar su vida y su matrimonio. Sin costo alguno.

Sólo quienes han sido rechazados por un cónyuge, a quien de verdad aman, pueden comprender plenamente la oleada de sufrimiento que se estrella contra la vida de una persona cuando una pérdida amenaza con caerle encima. Ninguna otra cosa importa
entonces. No hay pensamiento que pueda consolar. El futuro no tiene ni interés ni esperanza Las emociones oscilan vertiginosamente desde la desesperación a la aceptación y viceversa.

¿Alguna vez ha presenciado usted un problema de esta naturaleza en la vida de algún amigo o pariente? Si lo ha visto, ¿qué consejo le ha dado?

Disiento fuertemente con los líderes cristianos que recomiendan a los cónyuges rechazados que sonrían cuando ocurre el rompimiento o la infidelidad, y que actúen como si nada hubiera ocurrido. Cuídese de oír consejos como:  “continúe amando a su hombre, señora; y tarde o temprano él volverá a sus cabales.

 

 

Buscaré Una Solución, Hare Lo Que Sea Necesario…

No te quiero llevar por un mundo de conceptos psicológicos, ni de palabras muy elaboradas, voy a hablarte directamente, en forma concisa.

En primer lugar si has llegado hasta esta línea es porque sin duda estas buscando ayuda para salvar tu matrimonio. Tu búsqueda es  el motivo principal por el cual existe este sitio.

Rápidamente puedo darme cuenta que estas en la etapa de “buscar soluciones por ti mismo” y de “hacer lo que sea necesario para poder salvar tu matrimonio”.

Tengo una noticia, déjame decirte que buscar soluciones por uno mismo y poner todo nuestro entusiasmo en encontrar estrategias o herramientas nos pone en una vía bastante peligrosa, pues hay una alta probabilidad de lograr resultados totalmente contrarios.

 

Así, que detente ahora mismo, deja de buscar en internet soluciones mágicas o rápidas. Deja buscar a tu cónyuge desesperadamente, deja de seguirle. No le envíes ese mensaje que tienes planeado enviarle ahora, aunque tengas todas las excusas y motivos para hacerlo. Evita llamarle, y si has planeado llevar las flores o algún regalo, créeme, no lo hagas.  Todas estas cosas son soluciones que hacen en forma inmediata el 90% de las personas que sufren un abandono o una separación, como si se tratara de un menú pre programado. También son personas que integran el 90% de las personas que han cometido errores fatales a la hora de querer recuperar su relación.

Si buscas una solución, no la busques en tu cabeza, no la encontraras allí, pues, en primer lugar, tu mente no se encuentra en las mejores condiciones para tomar las decisiones adecuadas y que puedan favorecer a tus objetivos, esto no quiere decir que vayas corriendo y busques apoyo en tus amistades más cercanas, mucho menos si son amigos comunes, pues esto también es parte de los errores comunes que se suelen cometer en esta etapa de la crisis.

Esto es solo el comienzo, y si ya te has identificado con algunas de estas situaciones debes detenerte ahora mismo. Basta de seguir por tus propios medios. Cualquier otro intento puede llevarte a un final desventurado.

 

 

 

Esta es mi historia.

 

Durante 16 años vivía junto a mi esposa y nuestra pequeña hija, una relación familiar y matrimonial “normal”. Teníamos problemas “normales” como todo matrimonio. Por lo menos esa era nuestra referencia. Referencia sacada de la gran masa de matrimonios “normales” con o que cualquiera se pueda relacionar.

Por motivos laborales, fuimos invitados a viajar fuera de nuestro país de origen, lo que nos parecía una excelente idea que podría darle un poco de oxígeno a nuestra vida, pues entre el trabajo, la escuela, las obligaciones y acciones sociales cotidianas habíamos entrado en una meseta existencial, que parecía encontrar un escape los fines de semana entre amigos y familiares.

Ya establecidos en un nuevo país la vida nos daría la dosis en el cambio de oxigeno que buscábamos, peor lo que no sabíamos es que esa dosis casi nos asfixió por completo.

Lo que al principio parecía una oportunidad, fue el punto de partida para que nuestro matrimonio se deteriorara mucho más, el cáncer del divorcio había contaminado nuestra relación y no nos habíamos dado cuenta.

Las cosas no se dieron como pensábamos, el país al que habíamos llegado entro en una crisis política para la cual no estábamos preparados y esto afectó nuestra economía negativamente, y nos estábamos preparado para ello. Esto acumulo mucho más tensión entre nosotros, ya suficiente era estar en un país extranjero, lejos de familiares y amigos, para ahora tener que afrontar una inevitable banca rota.

Como pareja trabajamos palmo a palmo para salir adelante, tuvimos que hacer cosas que antes no hubiésemos pensado, tuvimos que aceptar trabajos lejos de nuestro perfil laboral, pero que permitían llevar el pan diariamente y cubrir los gastos diarios mínimos, y créeme, muy mínimos.

Con el paso del tiempo, las cosas se fueron normalizando, a esto quiero referirme con que nos habíamos acostumbrado este nuevo ritmo y forma de vida. Vivíamos el día a día, pero al ver pasar el tiempo, entramos en un adormecimiento, que nos hacía creer que esto era nuestra vida. Sin darnos cuenta estaban desapareciendo aspiraciones personales y profesionales.

Ya mejor establecidos, viviendo en un humilde departamento, en una pequeña ciudad, lo cotidiano fue haciéndose parte nuestra, ya habíamos logrado establecer un grupo pequeño de amigos, teníamos pequeños empleos más o menos fijos.

No nos habíamos dado cuenta que en este vaivén de los días nuestra relación se había enfriado, yo me sumergía mis horas libres en la computadora, mientras mi esposa incursionaba en las redes sociales desde su teléfono, o en la computadora cuando yo lograba dejarla libre.

Un día una discusión sencilla, motivada por una situación insignificante, se convirtió en el punto de quiebre de nuestra relación. Mi esposa decidió no dirigirme la palabra más, y yo, en mi orgullo opté por hacer lo mismo. Así pasaron los días, luego las semanas y empezaron a sumarse los meses. A todo esto nuestra hija de 12 años era fiel testigo de nuestras acciones, reacciones y casi nada de acciones por recuperar nuestra relación.

Pasaban los días y yo me sumergía en la computadora hasta altas horas de la noche, mientras mi esposa e hija dormían.

Mi esposa también me seguía los pasos, pero en otra dirección.

Sus salidas con amigas fueron mucho más frecuentes y sus horas en las redes sociales se habían incrementado considerablemente.

Había establecido un vacío completo entre nosotros dos, vivíamos juntos pero éramos totalmente diferentes uno del otro.

Habían pasado cerca de cuatro meses, cuando decidí romper el silencio, decidido a terminar la relación si las cosas estaban por mantenerse de esa manera. Sorpresivamente, recibí aprobación por parte de mi esposa ante mi demanda de terminar la relación. Yo lo había pensado, había conseguido un pequeño departamento para pasar allí unos días, y generar una ausencia que nos ayudara a recapacitar a ambos sobre la situación. Sin más ni más partí solo, aprovechando que nuestra hija se había ido de campamento con la escuela. Mi decisión era rotunda, pues “sabia” que era solo cosa de un fin de semana y mi esposa vendría rogando para que volviera.

Pasó el fin de semana, luego una semana, otra, y otra, y luego un mes, y otro y  otro, y en todo este tiempo no recibí nunca la llamada que estaba esperando desde el día en que cerré la puerta cuando decidí irme.

Por fin la libertad, pensé, pero era mi ego que me daba voz de victoria, pues era evidente la derrota al no recibir la llamada que esperaba. Sin embargo, mi orgullo pudo más y decidí aprovechar mi nueva soltería, nuestras comunicaciones solo se basaban en asuntos relacionados con nuestra hija, y con algunas cuentas por pagar.

Mi espíritu de altivo y conquistador duró escasamente un mes, al final del cual, comenzó el camino a la más profunda depresión.

Mientras caminaba por los suburbios de la soledad y la desesperanza, perdí el foco de mi vida.

Sin esperanza empecé a hacer uso de todos los mecanismos posibles para recuperar mi matrimonio, y mi familia, pero cada una de ellas se consumaba en actos fallidos.

… pero un día, mientras desfallecía mi vida, cuando las fuerzas me habian abandonado por completo,  llegó una luz a nuestras vidas y hoy felizmente juntos como matrimonio y familia, trabajamos unánimes en favor de los matrimonios que desfallecen sin esperanza…

La buena noticia, es que esa misma luz puede llegar a tu vida… y transformarla por completo. No dudes en contactarnos.

 

Fer FrancoZ


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